Cómo gestionar tus sentimientos al invertir

Educación financiera
por Amparo Simón
08 de julio, 2020

Ya sabemos que todo inversor tiene un ciclo emocional y que debe aprender a controlarlo para no desviarse de su estrategia inversora. Pero una cosa es la teoría y otra es la práctica. No podemos evitar tener sentimientos. Pero sí que podemos aprender a gestionarlos.

Felicidad y Tristeza

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Dicen algunos estudios que nuestra felicidad o tristeza depende del tiempo. Los días soleados hacen que seamos optimistas, mientras que la lluvia o la falta de luz nos hunde, nos entristece.

Y esto, llevado al mundo financiero, se traduce en inexorable movimiento en los mercados. Según el estudio ‘Winter Blues: A SAD Stock Market Cycle, “la depresión está relacionada con la seasonal affective disorder (SAD, trastorno afectivo estacional), una condición que afecta a mucha gente durante las estaciones que tienen pocas horas de luz. Las investigaciones psicológicas han documentado que hay una clara relación entre la depresión y un comportamiento conservador o con aversión al riesgo en muchos aspectos, incluyendo el financiero … Este trastorno afectivo estacional influye mucho en los resultados de los mercados”.

Y sí, el sol influye en nuestro ánimo y eso puede afectar a los mercados financieros, pero no es el único factor que mueve la economía. Es decir, hay que valorarlo en su justa medida. Así lo aconseja el estudio ‘A Good Day Sunshine: Stock Returns and the Weather’.

“No hay un argumento racional convincente que explique por qué un día soleado puede estar relacionado con buenos resultados en la bolsa o índice bursátil del país con buen tiempo. No obstante, sí hay evidencias consistentes que demuestran que la luz solar afecta a nuestro estado de ánimo y eso afecta a los precios …

Nuestros resultados sugieren que a los inversores les conviene prestar atención a sus cambios de humor para evitar hacer movimientos financieros llevados por sus emociones”.

Se trata de conocernos a nosotros mismos, de darnos cuenta de cómo nos sentimos para evitar que nuestra alegría o tristeza nos juegue malas pasadas.

Cuando estamos contentos todo es de color rosa. Todo es positivo. Este estado es peligroso para un inversor, pues se tiende a subestimar los riesgos, anticipando expectativas excesivamente alentadoras. Cuantos más inversores contentos haya, más acciones se comprarán y eso hará que su precio suba porque hay más demanda.

Y cuando estamos tristes nos volvemos más temerosos, ese estado emocional, se manifiesta en una menor propensión a asumir riesgos. Y como los extremos en muchas ocasiones se tocan, con la misma facilidad decidimos no asumir ciertos riesgos que en un estado emocional propicio tomaríamos, que afrontar un gasto excesivo, pensando que aquello nos hará sentir mejor y nos sacará de ese estado sombrío.Importante en este punto recordar una frase de Daniel Kahneman, en su libro ‘Thinking fast and slow’: “Te sientas como te sientas, actúa siempre con calma y corrección”.

Miedo

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El miedo en primera instancia nos paraliza y cuando nos decidimos a actuar, si persiste, nos puede abocar a tomar decisiones equivocadas. En el ámbito bursátil, puede empujarnos a salir del mercado cuando, si mantuviéramos la mente fría, dejando a un lado esa emoción, quizá seríamos capaces de elevarnos y mantenernos firmes en nuestra visión de largo plazo. Como dice Peter Lynch, inversor y empresario estadounidense: “Se ha perdido más dinero intentando prever las correcciones e intentando protegerse frente a ellas que sufriéndolas realmente”.

Hay que aprender a dominar el miedo y la mejor herramienta es la razón. Si el miedo te atrapa en momentos de incertidumbre económica o crisis financiera, aprende a dominarlo con probabilidades. Recurre a las estadísticas o la historia económica para demostrarte a ti mismo que los mercados han sufrido innumerables debacles y siempre se han recuperado.

El miedo también puede conducirnos a la aversión a la pérdida, algo ya estudiado en la economía conductual o behavioral finance, que en 1972 ya definió el concepto de sesgo cognitivo que demuestra cómo nos influyen las emociones a la hora de tomar decisiones haciendo que, en muchas ocasiones, no escojamos la correcta.

Respecto a la aversión a la pérdida, se sabe que perder nos afecta mucho más que ganar. Concretamente, perder nos afecta 2,25 veces más, que ganar lo mismo. Así lo establece el ‘sesgo de la aversión a la pérdida’ de los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversy.

Por eso, a veces somos demasiado conservadores en nuestras inversiones, aunque no sea lo mejor para ahorrar a largo plazo. Nuestra aversión a la pérdida también nos hace comprar más en rebajas por el temor a perdernos una ganga.

Envidia o Codicia

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La envidia y la codicia, incitan a soslayar los riesgos, y se manifiestan de distinto modo, por ejemplo empujándonos a gastar más de lo que podemos o debemos, con la finalidad de imitar a vecinos, amigos e incluso, gente que ni siquiera conocemos, pero envidiamos porque tiene un estatus social o económico más elevado que el nuestro.

La codicia en el ámbito estrictamente financiero, nos empuja a comprar más acciones cuando la bolsa sube porque no queremos perder la oportunidad de ganar dinero. Las emociones que desatan la envidia o la codicia pueden desequilibrar completamente nuestra estrategia inversora, que debe guiarse por una política de inversión bien estructurada y reflexionada en momentos de serenidad.

Aburrimiento

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El aburrimiento nos puede llevar a tomar decisiones peligrosas, invertir no es jugar. Puede que, por salir de la monotonía, nos decidamos a invertir sin criterio y sin ponderar los riesgos que conlleva cada decisión, simplemente porque buscamos las emociones fuertes, algo que nos despierte, que nos anime.

Pero estas decisiones nos pueden dar un segundo de adrenalina y muchos años de pérdidas.

Culpa

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Existe un sesgo cognitivo denominado sesgo retrospectivo, por el cual, tendemos a percibir eventos que sucedieron en el pasado, como predecibles. Así pues, acabamos pensando que sabíamos lo que iba a suceder y ello genera un sentimiento de culpabilidad. La culpa también es mala consejera. Nos puede empujar a gastar más de lo necesario con el único objetivo de no sentirnos culpables.

Es necesario asumir que existe la incertidumbre y conviene no estar peleados con ella. No tenemos respuestas para todo. Una vez más, debe reinar la razón. Nadie está libre de culpa. Todos nos equivocamos, hacemos cosas mal y eso nos hace sentir culpables. No hay que evitar ese sentimiento, pero sí que hay que identificarlo para poder gestionarlo bien.

Una mala decisión en tu trabajo puede hacerte sentir culpable y ocupar tus pensamientos día y noche, pero eso no debe influir en otros aspectos de tu vida. No debes salir a la calle a comprarte ropa que no necesitas o mirar cómo evolucionan los mercados y hacer un cambio impulsivo en tu cartera de inversión.

Una vez más, hay que buscar el equilibrio.

Recuerda, tu política de inversión debe guiarse por una estrategia a largo plazo, una buena asignación de activos (asset allocation) tras analizar cuáles son tus necesidades económicas y circunstancias personales. Y ahí no entran las emociones.

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La información difundida en este blog tiene una finalidad únicamente divulgativa. Cada persona es responsable de su política de inversión y Finletic no asume ninguna responsabilidad sobre sus acciones. La información está actualizada de acuerdo a la fecha que indica cada artículo.

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