Resultados pasados no garantizan resultados futuros

Educación financiera
por Rafael Suárez
09 de julio, 2021

Cuenta la leyenda que el príncipe Wu decidió atacar el Reino de Ping en China, advirtiendo que cualquiera que se opusiera sería condenado a muerte. Uno de sus mayordomos quiso oponerse, pero no se atrevió, por lo que tomó una honda y unos guijarros y caminó por el jardín hasta que sus ropas se humedecieron de rocío para llamar la atención del príncipe.

Entonces, el príncipe le preguntó por qué estaba mojado de rocío. A lo que el mayordomo contestó: cada día espero junto a un árbol del jardín con una honda para cazar gorriones y hoy encontré a una cigarra posada, bebiéndose el rocío, pero esta no sabía que tenía una mantis detrás. A su vez, la mantis intentaba atrapar a la cigarra, sin saber que había un gorrión cerca. Y, el gorrión, probaba a picar a la mantis, sin darse cuenta que yo estaba esperando. Las tres criaturas estaban tan ansiosas de beneficiarse con lo que tenían ante sus ojos que no advirtieron el peligro a sus espaldas. Tras escuchar la historia, el príncipe desistió de su plan, pues se percató de que no había considerado sus ambiciones completamente.

Muchas personas, cuando se deciden a invertir, se topan con una gran cantidad de información comercial que resalta los logros pasados de los distintos gestores. No obstante, con un tamaño de letra reducido y, posiblemente, en la parte inferior de una página, encontraremos seguramente un mensaje de advertencia que afirma: “resultados pasados no garantizan resultados futuros”. En cambio, hay que considerar que este mensaje no es sólo una advertencia de que algo que ha funcionado en el pasado, es posible que no funcione en el futuro, sino también un mensaje que presenta una oportunidad, la de invertir en algo que en el pasado no ha funcionado como se esperaba, pero que en el futuro sí pudiera hacerlo.

Esta forma de presentar la información juega con el sesgo de confirmación, tendencia humana de obviar la información que va en contra de nuestras creencias y dar mayor validez a aquella que las soportan. De la misma forma que un inversor que aprecia resultados pasados positivos, obviará el mensaje de advertencia, aquel que observe resultados pasados negativos eludirá el mensaje de oportunidad ante la falta de atractivo o miedo.

Por lo tanto, el inversor ha de ir más allá e intentar comprender el porqué de los resultados, tanto positivos como negativos. Para ello, debe aislarse de lo más vistoso a simple vista y construir su propia visión, para analizar si esos retornos han sido producto de la habilidad del gestor o de la suerte. A modo ilustrativo, muchos inversores se quedan con la foto de la rentabilidad en términos absolutos, pero no comparan en términos relativos contra el mercado o gestores similares. Un ejemplo sería pensar que un gestor es bueno porque ha conseguido una buena rentabilidad, sin tener en cuenta el contexto macroeconómico, que puede que favorezca a su estilo de inversión.

Como estamos viendo, se trata de contextualizar los resultados, pues los factores que inciden en las inversiones son prácticamente infinitos, niveles de inflación, políticas monetarias o fiscales, factores idiosincráticos de un país, crisis sanitarias, factores geopolíticos, etc., y, muchos de ellos, no están bajo control del gestor. Esto hace que sea muy difícil anticipar qué gestor rendirá mejor en cada situación.

En definitiva, el inversor debe analizar no sólo los números de rentabilidades pasadas, sino todo un amplio espectro de variables para intentar averiguar la consistencia del gestor, es decir, cuál es su capacidad para permanecer entre los mejores gestores de manera prolongada en el tiempo. El problema radica en que el inversor medio, a menudo no cuenta ni con los conocimientos ni los medios adecuados para realizar dicho análisis.

Ante la relevancia de este tema, existen múltiples estudios que analizan la consistencia de los gestores en distintos mercados. Por ejemplo, S&P Global publicó su informe en abril de 2021, analizando este aspecto de los gestores de fondos europeos durante los últimos 5 años:

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En el gráfico superior se observan distintas categorías de fondos domiciliados en Europa, desde los que invierten en renta variable de Europa, mercados emergentes, globales, hasta los que lo hacen sólo en Reino Unido. La barra azul clara hace referencia al porcentaje de fondos que, estando en el primer cuartil (esto es, el 25% de los mejores) el año siguiente también lo estuvieron. Por su parte, la barra azul oscura hace referencia a aquellos fondos que, tras 3 años, continúan en el primer cuartil de forma consecutiva, y así sucesivamente, la barra amarilla para 4 años y la marrón para 5 años.

Si hubiera gestores buenos en todos los contextos, sería muy fácil identificarlos e invertir en ellos, porque siempre lo harían bien, pero, como observamos en el gráfico, la probabilidad de que un gestor de fondos repita durante dos años consecutivos en el primer cuartil se encuentra entre el 15% y el 40%, mientras que, para más años consecutivos, es inferior al 5%. Estos resultados nos muestran cómo, lamentablemente, en los fondos de inversión (UCITS) parece no existir gestores buenos en todos los contextos.

En conclusión, podemos afirmar que elegir un gestor, basándonos únicamente en la rentabilidad obtenida en el pasado, no parece buena idea, pues podríamos obtener resultados diferentes a los esperados, siendo prácticamente aleatorio acertar o no en base a este criterio, de forma continuada en el tiempo. Un ejemplo es que el 80% de las entradas de dinero en bolsa se producen cerca de los picos de mercado, pues los inversores, cautivados por los grandes resultados obtenidos recientemente, se lanzan a invertir.

Todo ello deriva del problema que, para nuestra mente, extrapolar que un gestor que tuvo un gran desempeño en el pasado lo obtendrá en el futuro, es mucho más sencillo que analizar las diferentes aristas del problema, lo que requiere un mayor proceso de análisis, confianza y, sobre todo, tiempo. Como dijo el psicólogo Wayne Dyer, “cuando cambias la forma de mirar las cosas, éstas cambian”, algo que el príncipe Wu comprendió y que los inversores deberían hacer también.

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