¿Qué es una due diligence?

Educación financiera
por Rafael Suárez
11 de junio, 2021

Cuando invertimos estamos tomando decisiones constantemente, aunque no se actúe de forma activa, comprando o vendiendo. Todas han de estar debidamente meditadas y fundamentadas, a través de un proceso de análisis robusto y sistemático, eliminando, en la medida de lo posible, el componente emocional y tratando de no dejar nada al “azar”.

Una de las decisiones que debe afrontar todo inversor es la de seleccionar aquellos instrumentos de inversión que más se ajustan a sus creencias y filosofía de inversión. Aunque hay una gran variedad de ellos, con el objetivo de simplificar, vamos a centrarnos únicamente en un tipo de producto, los fondos de inversión. Estos productos poseen grandes ventajas a nivel de diversificación, profesionalización, ahorro de costes, etc., por lo que son muy utilizados por inversores de todo tipo, desde los más noveles, a los más experimentados.

El problema es que hay una oferta muy extensa de fondos, cada uno con sus propias características, por lo que elegir “el mejor” fondo no es tarea sencilla. De hecho, no existe algo como “el mejor”, sino que un fondo puede ser adecuado para una persona y no para otra, todo dependerá de sus necesidades y filosofía de inversión. No obstante, una vez el inversor tiene claro la tipología de fondo a suscribir, es posible que se enfrente a una elección que implique 5-10 fondos diferentes, y aquí es donde entraría un proceso de análisis y comprensión de cada uno de ellos, denominado due diligence. Este proceso consiste en realizar un análisis del producto y su entidad gestora desde diferentes ángulos, pasando por el equipo gestor, la estrategia de inversión, y los medios y recursos de la entidad gestora.

La due diligence, sin embargo, no es un proceso que sólo debamos realizar a la hora de la primera selección del fondo, sino que esta debería ser llevada a cabo siempre que se produzcan cambios materiales en la política de inversión del fondo, la entidad gestora, el equipo gestor, etc., y, al menos, debería realizarse con una periodicidad anual.

Por ejemplo, muchas personas cuando se compran un smartphone realizan una due diligence, aunque no lo denominen como tal. Este proceso comienza en el momento en el que comparan smartphones de diferentes fabricantes, las distintas características, sus componentes, la reputación de la marca, etc. En definitiva, están efectuando un análisis para seleccionar el smartphone que más se ajusta a sus necesidades, presupuesto, gustos, etc. Posteriormente, cada cierto tiempo, vuelven a realizar el proceso, lo que pudiera desembocar en la compra de uno nuevo.

A continuación, vamos a analizar los tres pilares básicos de una due diligence de un fondo:

i) Estrategia y proceso de inversión: será lo que defina dónde y cómo invertirá el equipo gestor nuestro patrimonio. En este sentido, deberíamos enfocarnos en dilucidar si el equipo gestor comulga con la política de inversión definida, que esta esté perfectamente acotada y que el proceso de análisis y selección de inversiones sea robusto y ágil para adaptarse a las situaciones cambiantes del mercado. Otro punto diferencial son los costes, debiendo evitar aquellos fondos que se encuentren en bandas altas, sin que exista justificación alguna.

Algunos puntos a considerar serían: volumen de activos bajo gestión, tipo de estrategia, universo de inversión, liquidez de los activos, métricas de rentabilidad y riesgo en diferentes horizontes temporales, comportamiento en periodos de estrés de mercado, style drift (cambio de la estrategia del fondo), etc.

ii) Equipo gestor: este es un pilar fundamental, pues el equipo gestor del fondo es el encargado de la toma de decisiones. Por ello, deberíamos estar ante personas altamente cualificadas y con una elevada experiencia en el mundo de las inversiones y en la estrategia a gestionar más concretamente.

Generalmente, en este aspecto se suelen analizar puntos, tales como: si es un fondo de autor (donde existe un gestor estrella, por lo que si este se marcha el impacto puede ser muy negativo), amplitud y rotación del equipo gestor, si se han producido cambios recientes en su composición, track record (resultados previos), que el equipo gestor tenga experiencia en la estrategia que gestiona (no hay que inferir que un equipo gestor con buenos resultados en una estrategia, sea capaz de lograr lo mismo en otra diferente), si el equipo gestor posee parte de su patrimonio invertido en el fondo, etc.

iii) Entidad gestora: se trata de toda la estructura que tiene detrás el equipo gestor para el adecuado funcionamiento del fondo. En este sentido, es vital el tamaño y reputación de la entidad gestora, fijándonos en los medios y recursos con los que cuenta la entidad, para asistir al equipo gestor en la toma de decisiones.

Algunos ejemplos serían: año de creación, número de empleados, políticas de retribución, controles internos, auditor, depositario, contrapartidas, políticas de trading, murallas chinas (tratan de separar físicamente a los diferentes equipos para evitar el traspaso de información que pudiera ocasionar conflictos de interés), actividad corporativa, etc.

La siguiente tabla muestra un caso real de lo que se denomina “morir de éxito”, un fondo que, al calor de sus buenos resultados, experimentó un crecimiento superior a lo saludable.

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En la tabla observamos que, fruto de sus buenos resultados, columna de valor añadido, que nos indica la rentabilidad que el fondo ha conseguido por encima de la de su índice de referencia, el fondo aumentó en tamaño de forma considerable (última columna) hasta ser ingestionable. Por ello, no debemos tomar decisiones de inversión con cierta ligereza, en base a rentabilidades pasadas, sobre todo en fondos de gestión activa, sino que hay que analizar la foto completa. En este caso concreto, con un tamaño aceptable, el equipo gestor fue capaz de conseguir buenos resultados, si bien a medida que fue creciendo, perdía capacidad de gestión por acumular una gran parte de ese mercado.

En definitiva, todo este trabajo sirve para identificar posibles riesgos, evitar sorpresas y comprender el proceso inversor, dejando la suerte en un segundo plano. Por supuesto que es posible tener buena suerte y obtener buenos resultados, pero, posiblemente esta suerte no perdure en el tiempo, y su impacto en el largo plazo será residual. Sin embargo, la suerte es complementaria a hacer bien las cosas y, en la vida se da una curiosa dualidad, que la suerte suele aparecer en aquellos que la buscan, aquellos que hacen bien las cosas, por lo que, si hacemos nuestro trabajo de análisis correctamente, es muy probable que invirtamos en fondos adecuados y, aparezca o no la suerte, por lo menos, evitaremos situaciones perjudiciales para nuestro patrimonio.

La información difundida en este blog tiene una finalidad únicamente divulgativa. Cada persona es responsable de su política de inversión y Finletic no asume ninguna responsabilidad sobre sus acciones. La información está actualizada de acuerdo a la fecha que indica cada artículo.

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