Los mejores inversores de la historia y sus legados

Cultura financiera
por Amparo Simón
27 de enero, 2021

¿Quiénes son los mejores inversores de la historia y qué podemos aprender de ellos? Hay siete grandes nombres que nos han enseñado cómo triunfar en las finanzas. Algunas de las claves son: estudio, humildad, tesón y generosidad.

Benjamin Graham y el value investing

Benjamin Graham (Londres, 8 de mayo de 1894 – 21 de septiembre de 1976) es conocido en la historia financiera como uno de los padres del value investing (inversión value).

Fue en la Columbia Business School donde empezó a difundir esta estrategia de inversión junto a David Dodd, con quien publicó ‘Security Analysis’ (Análisis de Valores). Este libro popularizó la inversión value y su método para identificar empresas infravaloradas y cuyo valor latente será reconocido a largo plazo.

Uno de sus discípulos más reconocidos internacionalmente es Warren Buffet, que confiesa abiertamente su admiración por sus enseñanzas: “Tuve la suerte de tener a Ben Graham y Dave Dodd como profesores. Ellos y este libro me cambiaron la vida”.

Según Buffet, Graham hacía cada día algo insensato, algo creativo y algo generoso. Quizá su libro ‘Intelligent Investor’ (El Inversor Inteligente), la biblia de la inversión value, es el mejor regalo que hizo a sus seguidores. Ahí se explica cómo desarrollar un plan de compra de acciones a largo plazo siguiendo su filosofía.

Graham recomienda invertir recursos y tiempo en analizar el estado financiero de una empresa que cotiza en bolsa. Si el precio de su acción es más bajo que su valor intrínseco y existe un margen de seguridad, puede ser una buena candidata para invertir en ella.

Philip Arthur Fisher y el growth investing

A Philip Arthur Fisher (8 de septiembre de 1907- 11 de marzo de 2004) se le considera el padre del growth investment (inversión growth), una estrategia que se centra en identificar a las empresas que tienen un gran potencial de crecimiento. Generalmente son compañías que reinvierten sus beneficios para desarrollarse y, por eso, tienen menos rentabilidades por dividendo.

Warren Buffet también se considera un seguidor de Fisher, aunque no le ha marcado tanto como Graham. Él mismo lo cuantifica: “Soy un 15% Fisher y un 85% Graham”.

La inversión más famosa de Fisher fue la compra de acciones de Motorola en 1955, cuando solo fabricaba radios. Nunca las vendió. Siguió así el consejo que daba en su libro ‘Common Stocks and Uncommon Profits’ (Acciones ordinarias y beneficios extraordinarios’). Ahí decía que el mejor momento para vender una acción es: “prácticamente nunca”.

Geraldine Weiss y los dividendos

Geraldine Weiss (San Francisco, 16 de Marzo de 1926) se graduó en Negocios y Finanzas por la Universidad de California, Berkeley en 1945 y fueron los libros de Benjamin Graham, ‘Security Analysis‘ y ‘The Intelligent Investor‘, los que le despertaron el interés por las inversiones.

En los años sesenta, Weiss intentó conseguir trabajo como bróker o analista pero ninguna de las firmas de Wall Street quería contratarla pese a su titulación.

Weiss empezó a colaborar con Fredd Whitmore y en 1966 ambos fundaron una publicación para hablar sobre inversiones. Se trataba de Investment Quarterly Trends, una aventura empresarial en la que Weiss confiaba tanto que terminó por comprar su parte a Whitmore para quedarse como única propietaria.

Para evitar las suspicacias de los inversores, Weiss firmaba como ‘G. Weiss’ y nadie supo que era una mujer hasta que, en 1977, apareció en el show ‘Wall Street Week with Louis Rukeyser’ y se descubrió quién era. Pero para entonces los suscriptores a su revista estaban ganando tanto dinero gracias a sus consejos que no les importó su género.

La estrategia seguida por Weiss le valió un sobrenombre: Grand Dame of Dividends (La Dama de los Dividendos). Su técnica era simple, consistía en escoger empresas en función de los dividendos que repartían. Weiss compraba las acciones cuando los dividendos de la empresa estaban cerca de máximos históricos y los vendía cuando estaban cerca de mínimos históricos.

Weiss entiende que los inversores deben fijarse en los dividendos en lugar de las ganancias porque es ahí donde está el dinero real. Recomienda buscar empresas con un balance sólido porque eso garantiza el pago de dividendos.

John Bogle y la inversión pasiva

John Bogle (Montclair, 8 de mayo de 1929-Bryn Maw, 16 de enero de 2019) revolucionó la industria de fondos con la inversión pasiva.

Tras graduarse en Princeton, Bogle inició una carrera financiera prometedora en Wellington Fund. En 1970 se convirtió en su presidente, pero su ascenso tuvo un final abrupto. Fue despedido por aprobar una fusión “sumamente imprudente”. Bogle reconoció su error: “Lo mejor de ese error, vergonzoso e inexcusable, reflejo de una inmadurez y confianza que no se apoyaba en los hechos, es que aprendí mucho”.

Quizá fuera ese resbalón el que le dio impulso para montar su propia empresa y aplicar ahí su teoría de la inversión pasiva. Bogle había descubierto que la mayoría de los fondos de inversión de gestión activa no conseguían batir al mercado en el largo plazo. Y, ya que no se podía ganar al mercado, pensó que lo que había que hacer era replicar sus movimientos para conseguir su misma rentabilidad. Esa sería una mejor estrategia de inversión a largo plazo.

Vanguard Company, la gestora de fondos que fundó en 1974, lanzó el primer fondo indexado del mundo poniendo en práctica sus teorías. Y funcionó. Hoy en día es la segunda gestora del mundo por volumen (a fecha de junio 2020) y de las que más crecen, no solo en inversores institucionales sino también privados.

Bogle falleció en 2019 pero su comunidad de seguidores, los bogleheads, continúa con fuerza su legado: imitar al mercado para conseguir su misma rentabilidad, reduciendo al máximo los costes.

George Soros, entre la especulación y la filantropía

George Soros (Budapest, 12 de agosto de 1930) nació como György Schwartz, pero su familia, húngara de origen judío, cambió su apellido de Schwartz a Soros en 1936 para pasar más desapercibida frente al creciente antisemitismo europeo.

Soros consiguió escapar del Holocausto y emigró a Inglaterra en 1947. Allí combinó su trabajo en diferentes oficios con sus estudios en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, donde se graduó en Filosofía.

En 1956 emigra a Estados Unidos e inicia su carrera financiera que tiene su momento cumbre el 16 de septiembre de 1992. Ese día Soros ganó un nuevo nombre: “el hombre que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra”.

Soros colocó todo su fondo, el Quantum Fund, en una venta corta a favor de una caída del valor de la libra. Y ganó. El Quantum Fund obtuvo unas ganancias de unos $1.000 millones en un solo día (y más de $2.000 millones al cerrar la operación). El estado Británico perdió unos 3.400 millones de libras y tuvo que devaluar la libra.

Así se ganó su fama de especulador, que le persiguió en 1997 cuando fue acusado de forzar graves devaluaciones en monedas del sudeste asiático en la crisis financiera asiática.

La filosofía de Soros se basa en el análisis macroeconómico y en las tendencias políticas y económicas en todo el mundo. Se enfoca en inversiones con apalancamiento de gran volumen y la especulación a corto plazo en diferentes mercados como divisas, materias primas, bonos y acciones.

Pero Soros no es solo especulación. La filantropía ocupa una parcela muy importante de su vida desde que empezó a involucrarse en diferentes proyectos en los años setenta y fundó su Open Society Institute (llamada luego Open Society Foundations) en 1993.

Desde su fundación, Soros ha aportado más de $32.000 millones para que esta red internacional ayude financieramente a promover la justicia, la educación, la salud pública y los medios independientes.

Warren Buffet y el largo plazo

Warren Edward Buffet (Omaha, Nebraska, 30 de agosto de 1930) es, probablemente, el inversor más popular del mundo. Se calcula que su fortuna suma $87.000 millones, pero lleva un estilo de vida austero. Sigue viviendo en la misma casa del centro de Omaha que compró en 1958 por $31.500 y en 2006 anunció que donará el 99% de su fortuna a la Fundación Bill y Melinda Gates.

Buffet es un inversor value, estrategia que aprendió en sus inicios profesionales. Corría 1952 cuando Buffet empezó a trabajar con Benjamin Graham analizando informes de la bolsa de valores.

Ambos practicaban la inversión value pero cada uno aportaba sus propios matices. Mientras Graham miraba con lupa los balances e ingresos de la empresa para decidir si merecía la pena invertir en ella, Buffet también se interesaba por otros aspectos más difíciles de cuantificar como puede ser el equipo gestor de la empresa o la marca.

Aunque hay un elemento clave en la inversión de Buffet, y mucho más sencillo: el tiempo. Buffet es un ferviente defensor de la inversión a largo plazo, él empezó a invertir con 13 años y dice que empezó tarde.

El largo plazo lo ha convertido en una de las personas más ricas del mundo, pese a que otros inversores puedan haber conseguido rentabilidades más altas que él.

El portfolio de su empresa Berkshire Hathaway Inc obtuvo un 20,5% de ganancia anualizada entre 1965 y 2018.

Peter Lynch y la rentabilidad

La fama de Peter Lynch (Newton, Massachusetts, 19 de enero de 1944) alcanzó nivel mundial en los años ochenta. Su mérito fue lograr que el fondo que gestionaba, Fidelity Magellan Fund, registrase una rentabilidad anualizada del 29,2% entre 1977 y 1990. Lo convirtió así en el fondo más rentable del mundo.

Durante esos años multiplicó exponencialmente el dinero que gestionaba. Pasó de manejar $18 millones a $14.000 millones, siguiendo siempre la misma filosofía: “invierte en lo que conoces”.

Lynch también popularizó el concepto de “conocimiento local” porque si te especializas en áreas concretas podrás encontrar buenas acciones infravaloradas. También ha contado en numerosas ocasiones que un inversor individual tiene más posibilidades de ganar dinero que un gestor de fondos porque puede encontrar buenas oportunidades de inversión en su vida cotidiana.

Sin ir más lejos, el propio Lynch ha confesado en sus libros que ha descubierto muchas de sus inversiones fuera de la oficina, cuando estaba con su familia o iba conduciendo o se encontraba comprando en el súper.

En su libro ‘One Up on Wall Street’ (Un paseo por delante de Wall Street), describe su estrategia de inversión cuyas claves giran en torno a estas ideas: “invertir en empresas con poca deuda, beneficios al alza y con un precio por acción por debajo de su valor real.“

Lynch también critica con pasión el market timing (estrategia inversora que intenta afinar al máximo el día de entrada o salida del mercado para conseguir el máximo beneficio). “Excepto en casos de grandes sorpresas, las acciones son bastante predecibles en períodos de veinte años. En cuanto a si van a subir o bajar en los próximos dos o tres años, es lo mismo que arrojar una moneda al aire.” Afirma Lynch.

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