La importancia de la política de inversión y disponer de un proceso inversor

Cultura financiera
por Rafael Suárez
30 de septiembre, 2022

Es posible que nunca nos hayamos parado a preguntarnos por qué hay espejos en los ascensores. Según diversos estudios, las principales razones son que: ayuda a hacer más corto el viaje, aporta tanto sensación de amplitud como de seguridad cuando viajamos con desconocidos, y, como no podía ser de otra forma, reduce el sentimiento de claustrofobia.

Si atendemos a lo anterior, comprobamos que todas las razones son psicológicas. Pues bien, algo similar ocurre cuando invertimos.

En general, uno de los mayores retos que se imponen los inversores, es querer batir al mercado, viéndose obligados a tomar decisiones de inversión en base a la información disponible en cada momento. ¿Pero, por qué quieren batir al mercado? Lo pueden querer por varias razones, a) por la vanidad de lograrlo, aunque pocos son capaces de hacerlo de forma consistente, b) porque los retornos de los mercados financieros no les parecen suficientes o, c) por pura ambición.

Cualquiera de las razones anteriores son, en sí mismas, refutables. Pero además, lo habitual es que el camino elegido para lograrlo sea intentar acertar no sólo qué activos serán los que lo harán mejor en cada escenario, sino también el momento exacto para invertir y desinvertir en ellos. Hay que tener en cuenta que, por lo general, si no se aciertan estas tres decisiones a la vez, el ejercicio carecerá de valor. Todo lo anterior sin tener en cuenta el drenaje de rentabilidad que supone la fiscalidad y los costes asociados a estos cambios y el mayor riesgo asumido.

En cuanto al primer punto, distintos estudios empíricos demuestran que más del 90% de las rentabilidades obtenidas provienen de las clases de activo donde se invierte (conocido como asset allocation), lo que únicamente nos deja un 10% para todo lo demás. Y, en cuanto al segundo punto, las posibilidades de lograrlo, de forma consistente en el tiempo, tienden a cero. Es más, según un estudio de Standard and Poors, menos del 5% de los gestores profesionales baten al mercado consistentemente en periodos largos de tiempo y, lamentablemente, no todos los que lo logran son los mismos cada año.

En consecuencia, ¿merece la pena destinar recursos a tratar de conseguir algo con tan baja probabilidad de éxito? ¿Existe realmente tanta diferencia entre acertar y errar siempre? La respuesta a estas preguntas, si bien no es evidente, podemos encontrarla profundizando en la historia. Para ello, vamos a realizar un ejercicio en el que invertiremos una única vez en todos y cada uno de los últimos 30 años de la siguiente manera:

  • En primer lugar, € 1.000 en el punto más bajo de cada año en la bolsa americana (S&P 500). Es decir, somos el inversor más afortunado, siempre elegimos el mejor momento del año para realizar nuestras inversiones.
  • En segundo lugar, € 1.000 en el punto más alto anual del S&P 500. Este sería el inversor menos afortunado y con peor suerte.
  • Finalmente, € 1.000 el primer día de cada año de los últimos 30 años.

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Como se puede comprobar en los resultados, en promedio, la diferencia entre acertar y errar siempre el momento de entrada es tan solo de un 1,17% anual. Y, si comparamos simplemente con invertir el día 1 de cada año, esta diferencia se reduce a un 0,27%. Es decir, que con el paso del tiempo, la diferencia entre entrar en el peor o el mejor momento posible, se difumina por la propia evolución de los mercados.

En suma, y asumiendo que es imposible acertar siempre cuando es el mejor momento del año para invertir, parece no tener sentido destinar recursos para tratar de encontrarlo. Ya lo decía también el afamado inversor Peter Lynch años atrás “La gente pasa todo este tiempo intentando descifrar: ¿Cuál es el mejor momento del año para invertir? ¿Cuándo debería invertir?... Y, sin embargo, es una pérdida de tiempo… No merece la pena”. Es más importante cuánto tiempo estamos invertidos que cuándo entramos en el mercado.

Entonces, de la misma forma que, el espejo en los ascensores nos resta ansiedad y hace que el viaje sea más placentero, el inversor tiene que encontrar algo que le disuada de tomar decisiones emocionales. Estamos hablando de la política de inversión, que ayudará al inversor a decidir en qué clases de activo invertir y tendrá en consideración el horizonte temporal de sus objetivos y, no solo eso, sino que también le marcará cuándo realizar operaciones. En definitiva, aporta una sistemática, minimizando el impacto de las emociones y maximizando las probabilidades de tener éxito. La política de inversión aportará el 90% del éxito que veíamos en el estudio anterior.

Y, para finalizar, no solo basta con disponer de un proceso configurado, sino que la implementación y el posterior seguimiento de las inversiones también impactarán, tanto en la rentabilidad finalmente conseguida, como en la forma de obtenerla. Para ello, es indispensable conocer, descomponer, y controlar una serie de variables sobre las que el inversor sí tiene capacidad de actuación y cuya influencia es mucho mayor que la de acertar en qué activos y cuándo invertir, que son:

  • Costes: entre dos inversiones idénticas, aquella que soporte una estructura de costes menor, reportará mayores beneficios en el tiempo. El problema surge cuando los costes soportados por el inversor no son visibles, siendo necesario entender el funcionamiento de los mercados y los productos para realizar una adecuada estimación de lo que se paga.
  • Riesgos: invertir debería ser sinónimo de gestión de riesgos. Hay riesgos de todo tipo, de liquidez, complejidad, crédito, mercado, tipos de interés, balance, inflación, etc.
  • Análisis, selección y seguimiento de inversiones: una vez sabemos en qué clases de activo queremos invertir, se hace necesario seleccionar los productos adecuados. Aquí cobra especial relevancia realizar un proceso exhaustivo de due diligence, que no deje lugar a dudas sobre la capacidad del producto escogido para cumplir con su cometido. Por ejemplo, al invertir en fondos de inversión, se debe analizar tanto las inversiones subyacentes, realizando el “look-through” de las posiciones para saber a qué riesgos nos exponemos, como la entidad gestora, equipo gestor, proceso de inversión, control de riesgos, etc. Y, posteriormente, realizar un adecuado seguimiento para comprobar que las condiciones iniciales no han cambiado.
  • Rebalanceo periódico: consiste en ajustar el peso de los activos en cartera si nos hemos desviado del rumbo seguido como consecuencia de los movimientos del mercado o debido a un cambio en nuestros objetivos definidos en la política de inversión. Asimismo, el seguimiento de las inversiones también puede provocar un rebalanceo pues, en ocasiones, las circunstancias que nos llevan a elegir un producto cambian.

Por consiguiente, si bien sólo hemos mencionado algunas de las variables a controlar, ser conocedores de todas ellas nos ayudará a proteger nuestras inversiones ante dislocaciones de mercado y sesgos conductuales, logrando allanar el camino hacia conseguir nuestros objetivos.

La información difundida en este blog tiene una finalidad únicamente divulgativa. Cada persona es responsable de su política de inversión y Finletic no asume ninguna responsabilidad sobre sus acciones. La información está actualizada de acuerdo a la fecha que indica cada artículo.

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La inversión en instrumentos financieros conlleva riesgos financieros que deben ser valorados por los clientes antes de su contratación. Finletic incluirá en su cartera únicamente productos adecuados a su perfil de riesgo. A tal efecto, Finletic obtendrá la información necesaria sobre los conocimientos y experiencia del cliente, sobre la situación financiera y sobre los objetivos de inversión de aquel, con la finalidad de que la entidad pueda diseñar la política de inversión que más se adecue a sus intereses. No obstante, el precio o valor de una inversión depende de las fluctuaciones de los mercados financieros, que están fuera de nuestro control. Los inversores han de ser conscientes de que la rentabilidad histórica de cualquier inversión no constituye garantía de resultados futuros y, en función del tipo de inversión, puede ocurrir que el inversor pierda parte o la totalidad del capital. Si tiene alguna duda sobre los riesgos que comporta su inversión le invitamos a consultar el apartado FAQ de nuestra web y, si aún así tiene alguna pregunta sobre los riesgos de su inversión, puede ponerse en contacto con nuestros profesionales a través de cualquiera de los canales que encontrará en la sección Contacto.

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