Invertir sin mirar atrás

Educación financiera
por Amilcar Barrios
09 de septiembre, 2021

Introducción

Somos humanos y estamos hechos para errar. Y no solo eso, también solemos repetir lo que ya sabemos que no funciona.

Cuando se habla de invertir es más común de lo que parece tirar la mirada atrás y guiarnos por las experiencias pasadas. Sin embargo, actuar así cuenta con uno de los riesgos más comunes a la hora de invertir, que no es otro que pensar que el pasado es garantía del futuro.

¿Un problema sin solución?

Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Este es el mantra de la inversión, que viene a significar que aquello que sucedió previamente, no tiene por qué ocurrir de nuevo más adelante. Traducido a las inversiones, si alguien se vio atrapado por la desaparición de Lehman Brothers en 2008, probablemente le ha costado tiempo recuperar la confianza total en un banco, en la bolsa o en todo lo que tenga que ver con las inversiones. Al contrario, quien comprase una acción de una tecnológica hace más de 10 años, pensará que ahí, y no en otro sitio, es donde hay que estar.

Ambos son comportamientos que podemos considerar esperables, pero con el inconveniente de que ambos son incorrectos. Ni quien perdió con Lehman debe pensar en negativo, ni quien acertó con Apple debe creer que la inversión es algo sencillo, exento de riesgos, y, sobre todo, predecible. Y más importante es no olvidar que, en no pocas ocasiones, lo que se está pretendiendo, de forma inconsciente, es tratar de anticipar el comportamiento futuro de algo tan grande y con tanta diversidad como son los mercados financieros, donde existen numerosas variables que definen el precio de un activo, que van desde el ciclo económico, a los tipos de interés, la política monetaria, la intervención o no de los bancos centrales, los tipos de cambio, la regulación, etc...

Una condición necesaria

Una sola palabra: PACIENCIA. Casi todo aquel que se lanza al mundo de la inversión sabe o ha oído, que se trata de largo plazo en estado puro, es decir, de muchos años. Sin embargo, la realidad nos demuestra, con cierta recurrencia, la escasez de ese bien: la paciencia inversora.

Un buen ejemplo es cuando se invierte pensando en la jubilación, y no solo en la fecha del día que se empieza, sino en el largo plazo que existe después, y que nos debe permitir vivir más adelante de todo ese ahorro. Pues bien, a lo largo de ese periodo se van a dar acontecimientos de lo más variado, muchos de los cuales van a jugar con nuestros límites.

Será en los momentos de máximo estrés de los mercados financieros cuando se puedan extraer conclusiones importantes sobre la capacidad inversora de cada uno. Pero, sobre todo, será ese el momento en el que se demuestre, si el inversor es capaz de mantener la calma y la confianza con las mismas ideas con las que empezó y no dejarse llevar por el pánico, además de por la irracionalidad que tiende a hacer de compañera.

Qué dice el historial

Existen multitud de análisis que refrendan el hecho que no se puede afirmar que el rendimiento del pasado es garantía de retornos futuros, de entre los cuales se puede utilizar tres de ellos como referencia, elaborados por Athlon Family Office (Picking top performers: Does history tell us the future?), Vanguard (Patience with active perfomance ciclycality: it´s harder than you think) y Standard&Poor´s (Europe persistence scorecard year-end 2020).

Las principales conclusiones que se pueden extraer de estos estudios son las siguientes:

  • En el largo plazo hay gestores activos capaces de batir a otros, en términos de rendimiento. Por contra, en periodos cortos los mejores gestores pueden sufrir y colocarse al final de una larga lista ordenada por rentabilidad, por lo que la toma de decisiones a corto plazo, en función de rentabilidades pasadas, puede resultar perjudicial.
  • A pesar de obtener muy buen rendimiento, incluso los mejores gestores sufren periodos prolongados en los que se sitúan entre los que peor rentabilidad obtienen. Y no solo eso, sino que pueden experimentar un comportamiento significativamente peor que sus índices de referencia o benchmarks.
  • Por último, los gestores que mejor desempeño registran, tienen ante sí la más difícil de todas las tareas, que no es otra que mantenerse en la cumbre, algo que, conforme pasa el tiempo, se demuestra cada vez más difícil. En este sentido, es importante tener en mente que muchos gestores tienden a tomar unos sesgos determinados por estilo de inversión (a inversiones temáticas, sectoriales, regiones, etc.), que se comportarán mejor en determinados entornos, pero que indudablemente sufrirán en otros.

Conclusión y lecciones

Luchar contra uno mismo y contra sus miedos puede resultar enormemente complejo, especialmente con algo tan sensible como es la gestión de las inversiones. Pero, al igual que para otros asuntos del día a día, tomar las decisiones por impulsos y solo basándonos en lo que se ve mirando por el retrovisor, puede resultar una carga demasiado pesada para las inversiones.

Por ello, se pueden seguir algunas pautas de actuación, como las siguientes:

  • Antes de empezar, se debe dejar perfectamente delimitado qué se busca en el largo plazo, evitando la desorientación que produce el ruido que se genera por el camino. Ello implica, no tratar de anticipar el comportamiento de los mercados financieros, ni en tiempo, ni en forma.
  • Tal y como demuestran algunos estudios empíricos, lo que hoy funciona mañana puede “fracasar”, por lo que se hace indispensable tener las inversiones lo suficientemente diversificadas como para no quedar atrapados en la peor decisión, en el peor momento.

Al evitar dejarnos llevar por aquellas inversiones que mejor comportamiento han tenido en el pasado, también se esquiva generar un elevado nivel de rotación (compras y ventas) de la cartera. Con esto, además de ahorrar equivocaciones, también se reduce el volumen de costes y cargas fiscales soportadas por la cartera, que van directamente contra la rentabilidad de esta.

La información difundida en este blog tiene una finalidad únicamente divulgativa. Cada persona es responsable de su política de inversión y Finletic no asume ninguna responsabilidad sobre sus acciones. La información está actualizada de acuerdo a la fecha que indica cada artículo.

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La inversión en instrumentos financieros conlleva riesgos financieros que deben ser valorados por los clientes antes de su contratación. Finletic incluirá en su cartera únicamente productos adecuados a su perfil de riesgo. A tal efecto, Finletic obtendrá la información necesaria sobre los conocimientos y experiencia del cliente, sobre la situación financiera y sobre los objetivos de inversión de aquel, con la finalidad de que la entidad pueda diseñar la política de inversión que más se adecue a sus intereses. No obstante, el precio o valor de una inversión depende de las fluctuaciones de los mercados financieros, que están fuera de nuestro control. Los inversores han de ser conscientes de que la rentabilidad histórica de cualquier inversión no constituye garantía de resultados futuros y, en función del tipo de inversión, puede ocurrir que el inversor pierda parte o la totalidad del capital. Si tiene alguna duda sobre los riesgos que comporta su inversión le invitamos a consultar el apartado FAQ de nuestra web y, si aún así tiene alguna pregunta sobre los riesgos de su inversión, puede ponerse en contacto con nuestros profesionales a través de cualquiera de los canales que encontrará en la sección Contacto.

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