Inversión temática: Historias bonitas pero no tan rentables
Akira Haraguchi es un ingeniero y terapeuta mental japonés conocido por batir el récord mundial de memorización de dígitos del Número π (3,1416…). La proeza de su historia está en que recitó más de 111.000 dígitos en 16 horas y media de memoria.
Historias como las de Akira convierten algo muy complejo en algo muy sencillo de comprender y explicar. Por ejemplo, detrás de esa historia encontramos el hecho de que multitud de personas han disfrutado memorizando los dígitos del número π desde comienzos del siglo XIX, pero también es cierto que por aquel entonces solo unos pocos cientos de dígitos eran conocidos, ya que no había capacidad de cálculo para más. O, lo que es lo mismo, Akira no podría haber conseguido su récord sin la ayuda de los ordenadores.
Los datos nos ayudan a entender la historia con mayor profundidad, a separar el grano de la paja y a vislumbrar la veracidad de esta. El problema es que recolectar, limpiar, analizar y extraer conclusiones requiere un esfuerzo notable y eso es algo que al ser humano le cuesta.
Cuando invertimos ocurre algo similar, pues constantemente nos encontramos con multitud de “buenas historias”, pero que muy poca gente llega a analizar en profundidad para comprobar si realmente estamos ante una “buena” o una “mala” inversión. Esto sucede, por ejemplo, con los fondos temáticos, donde un inversor invierte en un producto que le proporcionará exposición a una materia concreta, como pudiera ser robótica, inteligencia artificial o ciberseguridad, entre otras.
Es por ello que, a continuación, nos vamos a centrar en los datos referentes a los riesgos de estos fondos, y no tanto en las historias:
- En primer lugar, es un hecho que estos fondos son más volátiles que el mercado en su conjunto. Esta explicación proviene del hecho de que las empresas en las que se invierten son de menor tamaño y con menor liquidez, además de invertir en unas pocas compañías de una misma temática, lo que implica una diversificación muy escasa. En consecuencia, el riesgo es mayor, tal y como se puede observar en la mayor volatilidad de estos fondos (puntos azules a la derecha de la línea roja vertical):
- En segundo lugar, es muy complicado discernir el momento adecuado para una temática concreta. Tal y como vemos en el siguiente gráfico, las gestoras de fondo suelen lanzar productos justo cuando la temática está muy avanzada y su cobertura mediática (líneas rojas) es más alta:
- Y, en tercer lugar y prueba de lo anterior, es el hecho de que muy pocos fondos consiguen batir al mercado o sobrevivir más de 10 años. Por ejemplo, en el gráfico inferior vemos como: i) alrededor del 60% de estos fondos no alcanzan los 15 años de vida (barra naranja) y, ii) únicamente el 20% baten al mercado global, aunque este porcentaje se vería reducido si ajustamos a un índice de referencia más representativo de la tipología de inversión. Como hemos visto, estas tendencias no parecen ser válidas para el largo plazo. No obstante, al público general únicamente le llegan las historias de aquellos fondos temáticos que consiguen en un momento determinado rentabilidades milagrosas y, que, tristemente, no suelen volver a repetirse:
Atendiendo a estos datos, parece que la inversión temática está más cerca de la especulación que de la inversión, algo que, a la luz del gráfico inferior, los inversores institucionales sí parecen comprender, mientras que los inversores minoristas continúan esperando sacar rédito de ella:
En conclusión, tenemos la suerte de vivir en la era de la información, donde tenemos datos que miden prácticamente todo lo que hacemos y vemos en nuestro día a día. De la misma forma que, gracias a los ordenadores, Akira pudo batir un nuevo récord mundial, los inversores pueden apoyarse en la gran cantidad de datos existentes hoy día, pudiendo poner el foco en un análisis pormenorizado de las distintas estrategias de inversión y haciendo hincapié en su idoneidad para con sus objetivos de inversión desde un enfoque de la gestión de riesgos.
De hecho, el secreto de la gestión de carteras de inversiones no consiste en disponer de unas pocas inversiones que se mueven en tándem en la misma dirección, pues cuando el mercado se dé la vuelta, que en algún momento lo hará, todas caerán a la vez, provocando pérdidas que, en muchos casos, son irreversibles.
Realmente, el secreto radica en tener inversiones ampliamente diversificadas y que, mientras unas suben, las otras resistan o bajen. Por tanto, el quid de la cuestión está en encontrar aquel mix de inversiones donde haya unas inversiones que suban más que otras, y donde prime un equilibrio que haga nuestro viaje hacia la consecución de nuestros objetivos lo más suave posible, dejando atrás la búsqueda de inversiones milagrosas.
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