El greenwashing y la dificultad de saber qué es sostenible y qué no lo es

Actualidad financiera
por Rafael Suárez
07 de octubre, 2021

Hace mucho tiempo, vivía un rey que siempre estaba pendiente de vestir las mejores prendas. Cierto día, aparecieron unos supuestos sastres con los que el rey quedó deslumbrado ante sus promesas de nuevas vestimentas. Tras varios días, el rey los visitó, con la sorpresa de que no había atuendo alguno. Sin embargo, estos le convencieron de que estaban confeccionados con una tela mágica y que ni los tontos, ni los ignorantes serían capaces de verlos. El rey, con temor a parecer inferior, exclamó ¡Oh, claro que los veo! Al día siguiente, nadie se atrevió a decirle al rey que iba sin ropa por miedo a parecer tonto, hasta que un niño por la calle dijo en voz alta: “el rey va desnudo”.

En los mercados financieros a veces ocurren también estos sucesos. Es muy frecuente que surjan nuevas modas o tendencias, y que los distintos inversores, por miedo a perderse la inversión del año, decidan invertir. Sin embargo, no todo vale. En nuestra historia, estamos seguros de que existían prendas de vestir maravillosas, pero alguien se aprovechó de la situación y engañó al rey. En los mercados financieros ocurre lo mismo, las diferentes tendencias o modas que surgen no tienen por qué ser negativas, pero puede haber personas que decidan aprovecharse de los inversores, ante el deseo de algo novedoso.

Algo similar está ocurriendo con la inversión sostenible que, si bien pensamos que es una tendencia que ha llegado para quedarse y que prosperará en el tiempo, hay que considerar la dificultad de saber qué es “inversión sostenible” y qué no lo es. Los problemas van, desde una regulación en vías de desarrollo, hasta la inexistencia de criterios claros sobre los requisitos que deben cumplir los diferentes productos financieros que desean calificarse como sostenibles.

Un ejemplo de lo anterior lo vemos, si analizamos la correlación entre las calificaciones que otorgan diferentes agencias de calificación a este respecto:

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En la tabla, cuanto más cercanos estemos a 1, más de acuerdo están las distintas agencias de calificación con respecto a los criterios utilizados para medir las inversiones sostenibles. Como se puede observar, las correlaciones están muy lejos de 1, por lo que podemos concluir que utilizan criterios de valoración muy diferentes.

Por otro lado, el acceso a estas tendencias suele ser caro por su carácter “innovador”. Es aquí donde subyace uno de los principales problemas, una fuerte demanda de productos rentables, que aprovechan diferentes agentes, para intentar sacar beneficio de la desinformación de los inversores. Si el inversor de verdad recibiera el servicio o producto por el que está pagando un mayor precio, no sería preocupante, pero estamos viendo que el inversor no posee los medios necesarios para saber realmente en qué está invirtiendo, pues la transparencia y descripción de estos productos son escasas.

A modo ilustrativo, durante el mes de agosto salía a la luz una investigación de la SEC (Securities & Exchange Commission), regulador estadounidense del mercado de valores, acerca de la posibilidad de que la gestora de activos alemana DWS, estuviera llevando a cabo una práctica conocida como “greenwashing”

En concreto, esta práctica consiste en “engañar” a los consumidores, haciéndoles creer que las empresas en las que invierten son consideradas sostenibles. Para ello, proporcionan información engañosa o transmiten una imagen falsa, acerca del carácter sostenible de las distintas compañías. Las autoridades estadounidenses sospechan, que DWS ha exagerado sus esfuerzos en inversión sostenible, social y de buen gobierno, habiendo confesado la antigua directora de sostenibilidad, Desiree Fixler, que, a veces, se habían presentado documentos a inversores con una imagen alejada de la realidad.

El caso de DWS surge tan solo 6 meses después de la entrada en vigor del reglamento de la Unión Europea, que regula la divulgación de información sobre finanzas sostenibles (SFRD, por sus siglas en inglés), lo que ha generado dudas en cuanto a su efectividad. La realidad es que el desarrollo de reglamentos y directrices de actuación, acerca de nuevas tendencias en inversiones, conlleva tiempo y recursos, por lo que se necesitan muchos años para encontrarnos ante un marco legislativo robusto y confiable y que sirva de referencia.

Debido a lo anterior, es de vital importancia que los diferentes actores de los mercados financieros actúen de acuerdo con su deber fiduciario e integridad, para proteger la reputación de la industria y a sus clientes. En caso contrario, puede ocurrir como comentaba Joaquín Garralda, presidente de Spainsif, que “si se empieza a percibir que todo es greenwashing, se pierde la confianza y esta tendencia, a hacer las inversiones más responsables, se puede perder”. Es decir, invertir en este tipo de productos se volvería más un acto de fe que de análisis, pudiendo darse el caso de que recibamos gato por liebre, o un vestido sin tela, como el rey de nuestra historia.

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