Cómo analizar tus inversiones más allá de su pura rentabilidad

Educación financiera
por Amparo Simón
07 de octubre, 2020

A todos nos gusta simplificar al máximo. Pero no todo es blanco o negro. Hay muchos grises. Y en las inversiones, no todo es la rentabilidad. Cierto que es un factor clave que nos dice cuánto ganamos, pero hay que ir más allá.

Hay una serie de herramientas que nos aportan toda esa gama de grises necesaria para evaluar nuestras inversiones, incorporando el concepto de riesgo y relacionándolo con la rentabilidad obtenida. Aquí las tienes.

Beta

Es una medida para indicar el riesgo sistemático, también conocido como de mercado o diversificable. La beta nos indica cómo se comporta un activo con respecto a los movimientos del conjunto del mercado, por lo que debemos fijar un benchmark o índice de referencia que sea representativo de nuestra inversión para su cálculo, de lo contrario no nos será de utilidad.

Dicho de otra forma, mide si un fondo es más o menos volátil en comparación con su índice de referencia, es decir, si cuando el mercado sube o baja, éste varía más o menos, y así se sabe el nivel de exposición al mercado que se ha asumido.

Por tanto, no mide el riesgo absoluto, sino el riesgo relativo. Esto quiere decir que un fondo de inversiones con una beta baja no significa que tenga un bajo nivel de riesgo, significa que el riesgo del fondo con respecto al de su índice de referencia es bajo.

El índice de referencia tiene una Beta 1.

Si la Beta del fondo es 1: el fondo se mueve en consonancia con el mercado.

Si la Beta del fondo es menor que 1: el fondo es menos volátil que su índice de referencia.

Si la Beta del fondo es mayor que 1: el fondo es más volátil que su índice de referencia. Se considera de alto riesgo.

Tracking error

Esta métrica muestra la divergencia entre el comportamiento de un fondo de inversión y su índice de referencia.

Se calcula como la volatilidad de las diferencias entre las rentabilidades del fondo y del benchmark. Un Tracking Error elevado no significa que el fondo posea más riesgo que el benchmark como nos decía la beta, sino que sus movimientos difieren.

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Más allá de ser una métrica de gestión de riesgos, también nos muestra el estilo de la gestión, es decir, si un fondo sigue unas pautas de comportamiento en línea o alejadas con el índice.

Generalmente, los fondos de gestión pasiva suelen tener un Tracking Error inferior a 2%, mientras que en los fondos de gestión moderadamente activa podemos encontrar un Tracking Error inferior a 5% y, por último, en aquellos más activos, pueden ser superiores a 5%.

Sharpe Ratio

La Sharpe Ratio toma el nombre de su creador, William Forsyth Sharpe, economista estadounidense y nobel de economía. Su método analiza el comportamiento histórico de una inversión en función del riesgo asumido.

Este ratio nos dice cuánto riesgo estamos asumiendo por cada punto porcentual de rentabilidad que obtenemos. Por tanto, cuanto mayor sea, mejor será el rendimiento de nuestra inversión en términos de rentabilidad-riesgo porque nos estará indicando que generamos una mayor rentabilidad a costa de asumir un determinado nivel de riesgo.

Para calcularlo se utiliza la siguiente fórmula:

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R = rendimiento de la inversión

**Rf **= rendimiento de la inversión de referencia (ejemplo: la tasa del interés libre de riesgo)

E[R - Rf] = valor esperado del exceso de rendimiento de la inversión comparado con el retorno de la inversión de referencia.

σ = desviación estándar (volatilidad) del exceso de rendimiento de la inversión. Se calcula como la raíz cuadrada de la varianza del exceso de rentabilidad de la inversión sobre la inversión de referencia. Es decir:

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Sin embargo, se suele simplificar y calcular de la siguiente manera:

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Como comentamos previamente, cuanto mayor sea la Sharpe Ratio, mejor es la rentabilidad del fondo en relación al riesgo asumido. En un mundo ideal, el ratio de Sharpe sería superior a 1, lo que nos indicaría que por cada punto porcentual de riesgo que asumimos, generamos una rentabilidad superior.

Por otro lado, si la Sharpe Ratio es negativa significa que la rentabilidad de la inversión es menor a la rentabilidad de un activo sin riesgo, por tanto, sería mejor invertir en el activo libre de riesgo.

No obstante, nuestra decisión no debería estar guiada únicamente por el valor de este ratio. A modo de ejemplo, mostramos el ratio de Sharpe para un índice de referencia de mercado monetario (Eonia capitalizado a 30 días), otro de renta fija global (Bloomberg Barclays Global Aggregate TR EUR) y otro de renta variable global (MSCI ACWI Net Total Return EUR) para los últimos 15 años (31/08/2005 - 31/08/2020):

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Como puede observarse, según el ratio de Sharpe, la mejor opción sería invertir el 100% de nuestros ahorros en el mercado monetario. Pero, ¿habríamos logrado nuestros objetivos invirtiendo de esta forma?

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Como vemos en el gráfico, nuestros ahorros habrían crecido ligeramente. Pero lo que se extrae realmente, es que el ratio tiene un alcance limitado. En el ejemplo del mercado monetario, dado que el riesgo es prácticamente nulo y se obtiene una rentabilidad positiva, aunque mínima, efectivamente da a entender que es una inversión que roza la perfección, aunque la realidad dista mucho.

La Sharpe Ratio nos sirve, por tanto, para:

1.- Analizar la relación entre el riesgo de una inversión y su rentabilidad

El inversor no sólo se fija en la rentabilidad, también tiene en cuenta el factor riesgo. Te dice si el riesgo asumido en una inversión está compensado por la rentabilidad obtenida, pero ojo, esta comparación no es suficiente para determinar cómo invertir.

2.- Comparar fondos de una misma categoría

La Sharpe Ratio nos puede servir para decidirnos a invertir por una inversión vs otra alternativa dentro de su misma categoría. Es decir, tenemos que usarlo para comparar manzanas con manzanas, sino puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas.

La ratio de Sortino, de Treynor y la Alfa Jensen (que explicamos a continuación) también se utilizan para analizar los activos de una cartera o comparar la eficacia de distintos gestores de fondos de inversión.

Ratio Sortino

La Ratio Sortino es una Ratio de Sharpe ajustada. Es más exigente porque la Sharpe Ratio no distingue entre las desviaciones positivas o negativas, mientras que la Ratio Sortino únicamente tiene en cuenta la volatilidad de los movimientos negativos, que son los que verdaderamente han de preocuparnos. Además, la volatilidad suele ser mayor en los movimientos bajistas que alcistas.

La Ratio Sortino, por tanto, quiere diferenciar entre la volatilidad positiva y la negativa.

Cuanto mayor sea la Ratio Sortino, mejor será la relación entre rentabilidad y riesgo.

Su fórmula es:

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R = Rentabilidad anual de la inversión

T = Objetivo de rendimiento. Puede ser 0 o cualquier otro benchmark como, por ejemplo, el rendimiento de un índice bursátil. Normalmente, se suele utilizar la tasa de rentabilidad libre de riesgo.

TDD = Target Downside Deviation. Es la dispersión de los movimientos negativos de nuestra inversión.

Ratio de Treynor

La Ratio de Treynor mide las rentabilidades obtenidas por una inversión en exceso de la rentabilidad del activo libre de riesgo (por ejemplo, letras del Tesoro de EE. UU.) por cada unidad de riesgo de mercado asumida.

Se le conoce también como ratio compensación-volatilidad o medida de Treynor. Lleva el nombre del economista estadounidense, Jack Lawrence Treynor.

Su fórmula es:

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Rp = Rentabilidad de la inversión

Rf = Rentabilidad del activo libre de riesgo. En Europa se suele utilizar un bono del Estado Alemán (conocido como Bund) como activo libre de riesgo y en Estados Unidos se utiliza el bono del Tesoro Americano.

Bp = Beta de la cartera. Es una medida para indicar el riesgo sistemático, también conocido como de mercado o diversificable. Como vimos anteriormente, la beta nos indica cómo se comporta un activo con respecto a los movimientos del conjunto del mercado, por lo que debemos fijar un benchmark o índice de referencia que sea representativo de nuestra inversión para su cálculo, de lo contrario no nos será de utilidad.

Cuanto mayor sea la ratio de Treynor, mejor habrá sido la gestión del fondo en el pasado. Como en la mayor parte de las ratios, no es importante su valor absoluto sino su valor relativo a otros fondos.

Este ratio se debe usar para comparar fondos de un mismo mercado: fondos Ibex vs fondos Ibex.

Alfa Jensen

El Alfa Jensen o Alpha de Jensen mide la habilidad de un gestor de carteras de inversión para obtener rentabilidades por encima del índice bursátil de referencia ajustadas por el riesgo sistemático o de mercado (beta).

Su fórmula es:

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Rc = Rentabilidad de la inversión

Rf = Rentabilidad del activo libre de riesgo

Rm = Rentabilidad del mercado medida por el índice bursátil de referencia.

Bc = Beta de la cartera.

Cuanto mayor es el Alfa del fondo, más rentabilidad aporta el gestor frente al índice. Su limitación es que no se tiene en consideración el riesgo asumido.

Ratio de información

Mide el rendimiento de un fondo de inversión respecto a su índice de referencia o benchmark. Es decir, muestra si el gestor ha sido capaz de obtener una mayor rentabilidad que su índice de referencia, sin haber asumido un nivel de riesgo mayor.

Su fórmula es:

Ratio de información = (RF – RI) / Te

RF = Rentabilidad del fondo

RI = Rentabilidad del Índice de Referencia o Benchmark

Te = Tracking Error

Cuando más elevado es el Ratio de Información mejor lo está haciendo el gestor. Se asemeja al ratio de Sharpe, pero se diferencian en que este último toma como referencia el activo libre de riesgo, mientras que el de información al propio índice con el que se compara.

No obstante, una vez hemos analizado todas estas métricas y ratios, hemos de ponerlas en perspectiva, pues con el tiempo todo cambia. Valores que en un determinado momento son aceptables, en otro pueden ser muy positivos o muy negativos.

A modo ilustrativo, vamos a analizar valores de algunas de las ratios que hemos visto en fondos indexados de renta variable europea a cierre de diciembre de 2019 y a cierre de mayo de 2020, teniendo en cuenta los datos de los últimos 3 años (fuente: Morningstar).

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Como podemos comprobar, todos los fondos y el propio índice de referencia han pasado de tener una ratio de Sharpe a cierre de 2019 cercana al 0,80, a tener una cercana a 0,0 a cierre de mayo de 2020. Esto mismo ocurre con el resto de ratios presentados. Por lo tanto, dependiendo del momento en que estemos mirando una determinada ratio, su valor puede ser considerado positivo o negativo.

A modo de ejemplo, si el fondo que estamos analizando de renta variable europea posee una ratio de Sharpe de 0,03 a cierre de 2019, está claro que parece una mala inversión. Sin embargo, ese mismo ratio de Sharpe, a cierre de mayo, sería aceptable.

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